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Despertares

“Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron los lentes en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones. Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:


_El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto. 
El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja:
_ ¡Querido,  estás mirando un espejo!”

 

¿Cuántos de los conceptos que hacen a la imagen que guardamos de sí mismos y de nuestro entorno, propician el equilibrio en nosotros; o en su defecto, provocan un permanente conflicto?

La psicología ha propuesto que el hombre es conciente tan sólo en forma parcial de los funcionalismos de su vida psíquica, que es justamente en donde cada porción de lo que llamamos “realidad”, cobra un determinado significado.

La didáctica que plantea la psicología gnóstica para lograr el auto-conocimiento y la auto-superación, requiere en un comienzo de la incorporación de conocimientos claves, tales como los que explican la naturaleza del nuestro ego; los cambios que se van produciendo en la psiquis de acuerdo a las etapas que vamos atravesando; o los nuevos estados que nuestra conciencia necesita experimentar en la vida.

Luego, por medio de la práctica de los ejercicios psicológicos que se enseñan, vamos reconociendo dentro de nosotros el verdadero “sujeto” que debe signar  nuestra identidad, que participa del “objeto” u objetivo para cada instante del día, y que nos hace seres concientes en cada momento y “lugar”.

 

La Clave de SOL

El ejercicio que a continuación explicamos, lleva el nombre de “Clave de S. O. L.”, porque nos enseña a dividir la atención en tres partes:

 

1. Sujeto 

2. Objeto

3. Lugar

 

Sujeto

En esta parte de la Clave de S. O. L. nos preguntamos: “¿Quién Soy?”

Al hacernos este interrogante en los distintos momentos del día, iremos adquiriendo a través de la práctica una mayor profundidad en la respuesta. Comenzando por descubrir que todo lo que hace a nuestro ego nos impide alcanzar una conciencia real de sí mismos, un sentido conciente de identidad. El ser humano posee una imagen relativa y aparente de sí mismo, que necesita desenmascarar para poder comprender quién es realmente. Existen valores de vital importancia en nuestro interior, pero para expresarlos toca descubrir las amarras invisibles que nos impeden disfrutar de una existencia más plena.

 

Objeto

En esta segunda parte la pregunta es: "¿Qué estoy haciendo?"

Y hacemos plena conciencia de lo que estamos realizando en ese momento: si estamos trabajando… ¡trabajamos!; si estamos desayunando… ¡desayunamos!; si estamos simplemente caminando… ¡caminamos! Tratamos de enfocar la concentración en eso y sólo en eso, viviendo en plenitud aquello que nos ocupa en ese instante.

 

Lugar

Finalmente nos preguntamos "¿Dónde estoy?"

Al hacernos esta pregunta observamos detenidamente el lugar en donde nos encontramos, las personas, las cosas, los detalles; y notaremos que muchos de los mismos tal vez estaban pasando desapercibidos, restándole así la magnitud que gozaba ese momento de la vida. Como expresara Jorge Luís Borges: "Quizá porque ya no veo la felicidad como algo inalcanzable; ahora sé que la felicidad puede ocurrir en cualquier momento y que no se debe perseguir."

 

La Clave de SOL nos enseña a desarrollar la momentaneidad, el “aquí y ahora”, a vivir plenamente cada instante y evitar las distracciones.

Es una práctica esencial para el auto-conocimiento… ¡¿Por qué no comenzar a practicarla ahora mismo?!