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El Héroe Interior

Las mitologías adquieren un significado distinto cuando el investigador ha alcanzado a reconocer en ellas la idea de un Héroe Interno, cuya principal manifestación en el hombre no es otra que lo que llamamos conciencia.

Ese Héroe-Conciencia supo encontrar una de las más geniales representaciones durante la cultura clásica. Los griegos crearon una de las más bellas y poéticas mitologías del mundo.

Los principales héroes griegos fueron tales como Jasón, Teseo, Perseo, Odiseo, o el gran Heracles, luego llamado Hércules por los romanos.

Todos ellos eran extremadamente valientes, realizaban temerosos viajes logrando épicas victorias, y ejecutaban las tareas más imposibles. Por eso los griegos proyectaban en el héroe el modelo de conducta que el ser humano debía seguir.

Así también, la presencia de un oscuro Ego dentro del hombre, esclavizante y subconsciente, fue representada a través de leyendas y mitos bajo la figura de monstruos con los cuales el héroe debía luchar hasta vencerlos para así alcanzar el Olimpo.

Al profundizar en la investigación sobre las formas mitológicas que las principales culturas antiguas utilizaron para representar su concepción de Dios y el hombre, estas formas adquieren una prodigiosa relación entre sí, dándonos a entender que las mitológicas se han amoldado a los patrones culturales de cada pueblo, pero los principios espirituales representados a través de ellas son un común denominador para el ser humano, que trasciende los siglos y las distancias.

Por ello el mensaje de un mito es capaz de hacer eco en la psicología del hombre actual, y recomendarle el rumbo para sus pasos en la vida, en el cual una vez más han de primar el valor, la firme voluntad, la ética; ya que el destino al que ese camino conlleva, es la sabiduría.

Perseo y la Auto-Gnosis

Son diversos los mitos que guardan ese mensaje atemporal. Podemos mencionar como ejemplos, desde los provenientes de la cultura griega como los de Heracles y los doce trabajos, el de Odiseo (Ulises) y la guerra de Troya, a los Argonautas y el Vellocino de Oro, a Teseo y el Minotauro; como también al de Parsifal y el Santo Graal de los celtas, hasta el de Sigurd o el de Boewulf entre los pueblos nórdicos.

Recorreremos en este caso el mito griego de Perseo, visto desde el conocimiento gnóstico.

 

Perseo, nacido de su madre, la virgen Dánae y la intervención de Zeus, guarda en su leyenda grandes paralelismos con la de Horus, Isis y Osiris entre los egipcios: un rey genuino que es destronado y muerto por un rey oscuro movido por sus celos, una madre que entrega todo de sí al proteger la vida de su hijo, y la intervención de una fuerza superior para garantizar su supervivencia.

En el caso de Perseo, un oráculo había revelado a Acrisio, rey de Argos, que moriría por culpa de su nieto.
Al conocer esta profecía, encerró a su hija Dánae en una torre y no dejó que se casase para evitar que tuviese hijos. Pero Zeus la quería, y se transformó en lluvia de oro para descender hasta ella. 
Así Dánae fue concebida. Meses después, Acrisio, al escuchar el llanto del pequeño niño decidió arrojar a ambos en el mar. Ayudados por Zeus, Perseo y su madre serían rescatados de entre las aguas por un pescador llamado Dictis, y llevados a la corte de su hermano, el rey Polidectes en la isla de Séfiros. Perseo fue entregado a los sacerdotes del templo de Atenea para que lo cuidasen.
Polidectes se enamoró de Dánae y sus cortejos acosantes la obligaron a casarse con él y asegurar así su supervivencia y la de Perseo. Durante la fiesta nupcial, Perseo le prometerá al rey traer la cabeza de la Gorgona Medusa, a cambio de poner fin al acecho que vivía su madre. Medusa era un monstruo con apariencia femenina que tenía cientos de serpientes en lugar de cabellos y su mirada hipnótica convertía en piedra a los que la miraban.

La Medusa es la viva representación del Ego o los siete defectos principales en el hombre: ira, orgullo, lujuria, codicia, pereza, envidia y gula.

Perseo, la conciencia humana; dio lugar a la oración y pidió ayuda a los Dioses. De este modo Atenea le prestó su escudo invulnerable, Vulcano  una espada de diamantes, Hades su casco que lo volvería invisible y Hermes sus sandalias aladas.

«Zeus los estaba observando desde lo alto y, orgulloso de su hijo, dijo a los otros dioses que lo ayudasen. Hades le regaló un yelmo que lo hacía invisible y Hermes unas sandalias aladas para caminar veloz. El mejor regalo fue el de Atenea: le dio un escudo tan bruñido que parecía un espejo y le dijo: -Al llegar, mira a la Medusa reflejada en el escudo, porque si la miras directamente te convertirás en piedra.»

Perseo viajó hacia donde estaba la Medusa, y utilizó el escudo de Atenea como un espejo (auto-observación, meditación) para evitar verla a los ojos.

«Perseo se puso las sandalias aladas de Hermes y, al llegar, se armó de una hoz afilada y se acercó a la guarida de la Medusa. Tomó el escudo, regalo de Atenea, y empezó a andar hacia atrás: las imágenes que se reflejaban en el escudo le servían de guía.»

De esta manera fue como la venció y decapitó con su espada.

«En la superficie del escudo vio Perseo al monstruo en todo su peligro (…) Luego comenzó a moverse, mientras las serpientes de su cabeza despedían horrendos silbidos. Perseo esperó hasta que notó el calor de la respiración del monstruo en su hombro. El escudo reflejaba la boca y sus enormes dientes. Fija siempre en el escudo la mirada, asestó un tajo con todas sus fuerzas. Guardó la cabeza de la Medusa en una alforja y se la echó al hombro, dispuesto para el viaje de regreso.»

Al llevar consigo la cabeza de Medusa (hacer conciente lo inconciente) Perseo adquirió el arma que le haría posible realizar sus futuras hazañas y rescatar a la princesa Andrómeda, símbolo de la Esencia Divina del hombre.

Andrómeda se encontraba atrapada, esperando ser devorada por Ceto, un nuevo rival que el héroe Perseo lograría vencer.

«Después de muchos kilómetros, en una roca vio una bellísima muchacha, encadenada a la roca por las muñecas y los tobillos. No llevaba nada encima, salvo una cadenita con joyas al cuello. Perseo la cubrió con su capa, y mientras intentaba librarla, ella le contó su historia (...) Al llegar a este punto del relato aparece un monstruo enorme, con los ojos encendidos, el cuerpo parecido al de una serpiente, grueso como el tronco de un árbol y avanzando hacia ellos. Perseo alzó el vuelo, y el monstruo levantó los ojos hacia el cielo. Entonces el héroe descendió como un relámpago y lo hirió de muerte con la hoz.»

La liberación de Andrómeda representa el ciclo de integración del hombre con su verdadera Esencia, con su Alma. Las potestades del héroe interno arriban gradualmente al hombre, al enfrentar y superar las pruebas que la vida le presenta. En esas etapas el propósito central es el auto-conocimiento, el cual hace posible deshacer las ataduras, propias y hasta allí inconcientes, que estaban atrapando al alma (Andrómeda), nuestros valores más importantes: templanza, perseverancia, fortaleza, voluntad, simplicidad, prudencia, fe.

Conocerse a sí mismo es la tarea asignada a ese héroe interior, el cual  representado en este mito de Perseo, supo atribuir a Dios la causa sus triunfos, y encontrar la felicidad de hacer conciencia sobre la tarea para la cual fue creado.

«Perseo regaló la cabeza de la Medusa a Atenea, que desde entonces la lleva en su escudo y vivió feliz con Andrómeda con quien tuvo una abundante y famosa descendencia.»

Los viajes y travesías del héroe deben producirse dentro del hombre, rumbo a sus zonas inconcientes. La vida es un viaje de obstáculos y sorpresas en el cual los dones divinos se nos prodigan para que cada uno pueda cumplir la misión asignada.

En esta experiencia no marchamos solos, contamos con la compañía de nuestro Real Ser, a quien a través de la oración y la meditación aprendemos a conocer.